viernes, 24 de septiembre de 2010

SOBREVOLANDO TIQUICIA SOBRE UN PERCHERO DE COLORES---2

Sobrevolando mí muy querido casco central de la provincia de Alajuela el día de ayer, una purrujita familiar empezó a mordisquearme la oreja izquierda, en un inicio fue una sensación inquietantemente agradable y luego, bueno, luego también siguió siendo inquietantemente agradable. Tanto fue así que decidí inmortalizar dicha sensación y para continuar con las familiaridades, invité a mi duende desestructurador a acompañarme. La aventura inició bajos los arcos dorados que todos conocemos, hasta terminar en un centro tribal de higiene impecable. La hazaña y fin de dicha aventura la muestro con orgullo en mi oreja como una metalización de aquellas ganas de seguir sintiendo aquellos mordisquillos.


Esta vez la aventura parecía nos ser material para continuar la serie SOBREVOLANDO TIQUICIA SOBRE UN PERCHERO DE COLORES, al menos eso pensé tras despedirme de mi compañero de aventuras. No obstante, rememorando uno de los tópicos de conversación que sin ninguna seriedad habíamos compartido bajo los arcos dorados, recordé haber leído sobre el modo en que para algunos las modificaciones corporales terminan siendo una expresión hacia el mundo aseverando que su cuerpo les pertenece y son los únicos que deciden sobre él. Sin ningún problema llegué a la conclusión que en mi caso dicha teoría no aplicaba pues la medialuna en la oreja y la estaca de metal en la lengua no son para mí ningún modo de protesta, pero al mismo tiempo esta idea fue el detonante cuestionador sobre los modos simbólicos en que algunas almas arco iris le decimos a un entorno social más o menos definido: “Con mi cuerpo (y por extensión con mi vida) yo hago lo que yo quiero”

Nota: todo será tratado en 1era persona del plural pues no puedo escribir sobre situaciones que no conozco y/o he vivido es por tanto que omito estereotipos que no he experimentado dentro de mi pecho y no por eso dejan de ser reales.

Algunos tratamos de levantar al arte como estandarte, nos apoyamos en supuestas homosexualidades bibliográficas y nos sentimos parte de la reencarnación de un espíritu de musas que de alguna forma nos hace deserotizar las figuras femeninas. Es así como buscamos y conseguimos refugio y aprobación en los camerinos resguardados según nosotros tras figuras como los onnagata del kabuki. Otros escribimos describiendo sensaciones que nos parece trascienden las banalmente comunes relaciones entre sexos opuestos y así nuestros escritos, cuentos y poesías son alabadas incluso por los más grandes detractores de nuestra sexualidad.

Otros hacemos ondear la bandera de seis colores y nos jugamos la vida gritando consignas de lucha por los derechos humanos y es que también nos sentimos humanos y es que de verdad creemos que los que sienten como nosotros también son humanos. En nuestro pecho empieza a crecer la sensibilidad social y las raíces llegan tan profundo que nos llegamos a dar cuenta que nuestra lucha solo es una parte de la conquista real de la libertad y por tanto cruzamos caminos con otros luchadores de causas diferentes pero nunca opuestas.

Existen también ocasiones en que declaramos nuestro sentir apoyados en otros que a nuestro lado están dispuestos a afrontar cualquier cosa, juntos conquistamos nuevos espacios, juntos se vuelve innecesario (pero no deja de ser importante) marchar, juntos se construyen barreras de seguridad, juntos se desmitifican relaciones, juntos se logra ser realmente libres.

Existen muchas formas en que con mi propia voz le digo a los jerarcas de CR que pueden pensar lo que quieran pero que sobre mi cuerpo nadie decide más que yo, existen muchas otras con clamores similares que percibo pero que no conozco y hay algunas grupales que poco a poco inician su canto aquí y allá y más que libertad piden igualdad.

Lo más curioso, es que todo empezó con la materialización de un deseo. Tal como debería iniciar cualquier camino a la Atlantis. Bueno reemprendo mi vuelo para aprovechar las corrientes de los suspiros que salen a las 250pm de todos los edificios de oficinas.

jueves, 16 de septiembre de 2010

SOBREVOLANDO TIQUICIA SOBRE UN PERCHERO DE COLORES---1

Después de la experiencia de MAULLÁNDOEL AL AMOR me he dado cuenta que las entradas en serie permiten abordar temáticas desde diferentes visiones, colocándote en una diversidad de posiciones que te influencian desde esas realidades. A propósito de la diversidad, en esta ocasión la nueva serie se dirige a un tema nada simple pero que además me encargaré de revolver para que luego cada lector y cada lectora puedan darle la forma que quieran. Llamémosle a este recorrido SOBREVOLANDO TIQUICIA SOBRE UN PERCHERO DE COLORES, y dejémosle la vía abierta para que crezca en entradas tanto como lo desee. Ah, y sobre el tema nada simple.......dejaré que ustedes lo averigüen  
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Hace dos día aproveché que había dejado de llover para irme en picada hasta tocar tierras del Coyol de Alajuela, mi idea era básicamente sumergir las cansadas alas de mi perchero en aguas espirituosas para luego dejarlas secar con el humo de algunos cigarrillos de modo que en máximo 6 horas estuviesen de nuevo listas para emprender el camino hacia cualquier lugar. Ese día me acompañaba quien últimamente se ha vuelto mi duende desestructurador favorito. Entre los dos logramos esquivar los embates de desesperanza que escurrían azarosamente desde el techo del local, luego nos subimos a las sillas y hasta a la mesa pero el creciente nivel de aquel liquido pegajoso hizo que se requiriese la ayuda de un tercero para reemprender la aventura tal y como la habíamos planeado.

Quiso una corriente de aire fresco llevarnos hasta un nuevo destino semioculto entre las grandes piedras que se encuentran a la vera del camino hacia la Garita. El nuevo miembro de la expedición era otro duende cuya naturaleza, tomando en cuenta el leve encuentro, aun no me permito clasificar. Nos encontrábamos en una sede del territorio arcoíris, esos puntos que algunas veces se encienden como luciérnagas para luego desaparecer y algunas otras se convierten en faros que atraen por igual a polillas y esperanzas. Las características vibraciones se empezaron a colar por mis oídos, por mi boca, por mis fosas nasales hasta generar esas cosquillitas en la panza que hacen brotar en casi todas las caras una sonrisa un tanto pecaminosa. El tiempo siguió su cauce hasta que con bombos, platillos y algunos errores de sonido inició el espectáculo principal. No me detendré en narrar los anelidosos movimientos impericios de uno y los aplausos recogidos por otras, pero debo confesar que en esa sucursal de la tierra arcoíris y en esa noche las princesas que aman a otras princesas se llevaron por mucho la mejor parte.

Hace poco menos de una triada de años que no me dejaba ver por alguno de esos lugares y aun cuando estaba empezando a grafittear en mi perchero con crayolas pequeños arcoíris nunca fueron un punto determinante en mi vida. No obstante, me sigue apasionando ver las interacciones entre seres bípedos y algunos bicéfalos. Sentir esas expresiones cargadas de oleadas de libertad, ser cómplice del inicio de una relación que pueda durar solo hasta que se ahogue el ultimo decibel, ver a muchos seguir arrastrando un baúl lleno de cadáveres, y ver a otros que como yo celebramos esa misma libertad de cada cual para determinarse más allá de carteles sociales o subculturas. He de reconocer que de las pocas sucursales arcoíris en los que he aterrizado mientras sobrevuelo Tiquicia, Rick´s ha dejado en mi la agradable sensación del anonimato, de no sentir ojos clavados mientras las garras se extienden tratándose de esconder bajo un saludo digno de las cortes victorianas.

Debo recordarles que lo anterior no es el resultado de una ponderación de visitas, es solo la crónica de lo que pasó y sentí una noche tras la cual de nuevo emprendí el vuelo en mi perchero de colores para aprovechar las corrientes matutinas ascendentes que desde muchos parques y plazas surgían con las notas de un himno que tristemente muy pocos entienden.