Como ya algunos sabrán, comparto mi vida entre semana con tres cuadrúpedos maullantes que desde que conocí decidí hacer parte de mi familia. Es posible que al mejor estilo de The Cat Lady me haya vuelto más que un poco loco y es por tanto que puedo ver en mis gatos facetas y lecciones de vida de manera más contundente que entre mis pares bípedos. Espero en ésta y las dos próximas entradas expresar mi sentir sobre al menos tres maneras diferentes de cómo se encuentran las parejas desde la historia de vida de mis tres acompañantes felinos.
1-Chat Fou.
Algunos despertamos una mañana con la cosquillita en la panza por querernos emparejar. Esa profunda necesidad de encontrar otra soledad compatible con la nuestra para que en conjunto se vuelvan compañías y eventualmente amor, es acumulada durante algún tiempo hasta que nos resolvemos a iniciar la planificación de una estrategia.
Lo primero es fijarse el perfil del objetivo, darle forma a esa masa de piel, pelo y ojos que imaginamos, le podemos además asignar un sexo, un área de especialización y hasta un ingreso neto. En el caso de Chat Fou yo simplemente quería una gata. Una vez tengamos claro la forma interna y externa de nuestro objetivo, debemos iniciar un delicado escaneo a nuestro alrededor de manera que podamos identificar si alguno en nuestro entorno se acopla a nuestra construida descripción.
No basta con solo desear una cosa o un ser, también debemos de preocuparnos por planear lo que vamos a hacer una vez que descubramos la reciprocidad de sentimientos. Esto lo digo pues en mi caso una vez que tuve a mi gata en mi casa, Chat Fou se paseo reconociendo el terreno y luego se sentó con sus dos ojos de vidrio clavados en mi como preguntando: ok ya me tenés, ¿ahora qué hacemos? Pregunta a la cual yo no tenía respuesta. Por eso insisto, al buscar pareja, traten de tener claro que harán una vez logren atraer a su objetivo.
Una vez cumplidas todas la necesidades básicas del contrato social de iniciar una relación. Chat Fou dormía apaciblemente la tarde de ése primer día, cuando de repente en un giro del destino y de su cuerpo quedaron en evidencia dos razones que amenazaban el equilibrio de nuestra insipiente relación. Aquellas dos razones eran pachoncitas y peludas y se habían escondido todo ese tiempo bajo su cola. Resultó que mi “elegida” no se acoplaba a mi único requisito de perfil “una gata”. En éste punto podría aburrirlos con todas las situaciones que surgieron tras el descubrimiento de aquellas motitas, pero simplemente les voy a contar que ni una sola vez pensé en desechar a mi gata/gato ni emprender una nueva búsqueda.
De esa misma forma debemos aceptar que lo que nos cuentan otros o lo que cuenta de sí misma una persona no siempre será real y depende de nuestra jerarquización de requisitos si deseamos o no seguir tal relación. Lo importante es no dejarse llevar por prejuicios ya que las pasiones pueden algunas veces ser más útiles a la hora de buscar una pareja.
Al final la parte más difícil de convivir con una persona o con un gato (si, ya ahora sabemos todos que es un gato) es entender que la convivencia también requiere espacios de distanciamiento durante los cuales ambos seres puedan salir a cazar algunas lagartijas o a brincotear por los cafetales. Es permitirse tener espacios propios donde si lo deseas puedes invitar al otro y por otra parte tener espacios comunes donde ambos son propietarios. De la historia de Chat Fou (gato loco en francés) puedo concluir que algunas veces buscar una pareja inicia con planeamiento y estrategia pero nunca se estará exento de momentos divertidos de los cuales no puedes tener control, lo más importante en estas situaciones es tener claro que vos mismo ponés tus reglas y barreras y así terminás padeciendo o gozando la falta o demasía de éstas.
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